El beso

El beso

Los besos de madre son los que vienen con receta, la aspirina de la ternura, el ibuprofeno del cariño, el tranquilizante que hace dormir, da seguridad y premia. Los del padre tienen un público de hijas y son sólo suyos hasta que aparece el novio que no sólo le roba a la niña sino que además se queda con todos sus besos.
Los besos de las abuelas son besos con refranes, besos con lecciones, besos de mirada húmeda, besos de “cómo estás creciendo”.
El primer beso de amor, ese beso está guardado en la memoria, quizá fue un beso robado o inesperado, pero deseado.
El beso tiene la virtud de ser siempre distinto y siempre deseado.
A veces es suave, rozando levemente la mejilla, otras es como una ola que llena la cara o viene sigiloso por el cuello, pasito a pasito hasta llegar a la boca. Venga de donde venga y sea como sea, el beso cura y calma. Un beso se hace entender más que mil conversaciones.
Los besos en los ojos no ciegan, ponen luz. El que besa se embelesa y el besado es desedo. Pocas cosas unen tanto y en cualquier lugar como un beso. Sean de bienvenida o los largos de despedida, los pequeñitos y seguidos o los grandes y apasionados que unen bocas que nunca quedan satisfechas. Y es que despegarse de un beso es imposible, doloroso, los besos deberían ser eternos, como los segundos que pasan los labios unidos.
El beso cura, el beso es el sello de los amantes.
Si me miras… te beso!

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