Atrapar el agua

Atrapar el agua

Se me escurre entre los dedos, cuanto más aprieto más rápido se escapa, no logro retener el agua. Fluye de una forma que no soy capaz de retenerla. Así me ocurre con algunas situaciones. Su dinámica no es abarcable y mucho menos retenible, sólo me queda observar qué ocurre e intentar comprender.
De pequeño quería poseer lo que me gustaba, lo quería y esa es mala práctica. Poseer es dominar en definitiva y nadie puede dominar una situación, mucho menos a otra persona. Al paso del tiempo he descubierto que lo adecuado es adaptarse, ver su fluir e intentar adaptarse a su ritmo. Por supuesto que requiere algo muy difícil, aceptar que no siempre tengo razón o que el mundo no sólo es como imagino.
No se trata de empatizar o intentar comprender, consiste en dejar actuar al otro con sus motivaciones, observar y adaptarnos ambos a un nuevo fluir.
Ver como corre el agua es relajante, siempre cambiante pero a la vez constante. Detenerse para contemplar como actúa el otro tiene el mismo efecto, darle espacio, observar sus reacciones, sin imponer, de la misma manera que si cerramos el paso del agua se irá acumulando y acabará por rebosar. Llegar a ese extremo es rebasar el límite de aguante para ambos, solo que en este caso, la presa es quien intenta escapar y no el obstáculo que la retiene.
Prefiero observar como fluye el agua en lugar de atraparla porque es cambiante, da la sensación que sea la misma, pero la que pasa es siempre nueva.
Al final, acabo por disfrutarla, en mi propio reflejo.

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