amanecer, atardecer

amanecer, atardecer

La salida del sol es bastante rápida, sopla una pequeña brisa, se crea una línea brillante en el horizonte e inmediatamente emerge el disco solar, la sucesión de colores es trepidante, naranjas, rojizos y de un movimiento casi imperceptible asciende por el cielo. El atardecer es lento, el sol se va escondiendo con desgana, poco a poco, los tonos rojizos se van estirando por el cielo mezclándose con anaranjados y violáceos, muy lentamente, dando la sensación de no quererse ir. Hay un momento en el que la cantidad de luz es la misma que la de penumbra, ese es el momento de los besos robados.
A mi el amanecer me recuerda al nacimiento, expectación por la salida, esperando ansiosos y se desencadena de forma natural y rápida. En cambio la puesta de sol es parecido al ocaso, la muerte. Poco a poco el sol se desprende de su paso por el día, lentamente, ha recorrido el horizonte de lado a lado y ahora va a descansar o quizá a ver el otro lado.
Los encuentros con otras personas, ciudades, nuevos empleos, son como amaneceres, se producen desde la oscuridad y va apareciendo la luz de la cotidianidad, del uso, habituándonos a esa nueva luz. Por el contrario, las despedidas y rupturas son como los atardeceres, se quiere estirar más el tiempo, pero es inevitable, aquello que brillaba e iluminaba, va escondiéndose poco a poco, irremediablemente, nos regala una sinfonía de colores para hacer la despedida menos dolorosa, el final está ahí, inevitablemente.
Cuando murió mi padre, tuve que desplazarme muchos kilómetros, vivíamos a 1.000Km de distancia, me levanté temprano y el viaje hacia él, hacia el sur, transcurrió acompañándome el sol. Llegué por la tarde, a punto de atardecer, desde el aeropuerto hasta el pueblo donde vivía se fueron yendo las luces del día, pero ocurrió un hecho que me maravilló, cayeron cuatro gotas y apareció un arco iris precioso de lado a lado de la carretera. El atardecer se convirtió en un cuadro maravilloso de colores que se iban y venían. Cuando llegué al pueblo casi era de noche, pero al ir al maletero del vehículo para coger la maleta, aún pude ver los últimos retazos del arco iris, no sé si las gotas eran las que había en el aire o mis propias lágrimas, no hay vez que no vea un arco iris que no recuerde a mi padre, su sonrisa, su buen humor.
Para mi los atardeceres son de paz, tiempos de despedidas, de serenidad. Recordando a la abuela de mi amigo Ahmad “sé rápido como el amanecer y precavido como el atardecer”.
Somewhere over the rainbow, with you.

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