Esperar y desesperar

Esperar y desesperar

¿Cuando es el momento correcto? Esa duda es compañera fiel a lo largo de la vida.
La espera ralentiza el tiempo, detiene de una manera cruel las aspiraciones inmediatas y por otro lado te da la oportunidad de observar detenidamente lo que va a ocurrir. Aprender de la espera hace que nuestra paciencia se forje, se temple porque para la espera, la paciencia es la compañera de baile perfecta.
Nuestros deseos van a una velocidad superior a la realidad, aunque se cumplan, acostumbran a llegar décimas tarde, porque el deseo no viaja en el tiempo físico sino en el de las sensaciones y ahí rige la atemporalidad.
Cuando uno espera una decisión que no depende de él mismo solo tiene que dejarse ir, no hay camino ni consejo, nada que hacer. La naturaleza de la decisión no es cosa nuestra, por tanto, sólo somos dueños de la desesperación y aún ahí la decisión sigue siendo nuestra. Sólo nosotros decidimos preocuparnos por lo que pasará sin depender de nosotros mismos.
La gestión de mi vida solo depende de mi. Decidiendo dónde quiero estar y con quien quiero estar ya he avanzado muchos pasos en dirección a mi camino.
Cuando nos empeñamos en que nuestra felicidad dependa de la decisión de otro, estamos abocados a la desesperación. Nuestra esperanza de felicidad no está en nosotros, no podemos hacer nada ya que hemos dejado esa potestad en otro y probablemente ni lo sepa.
La espera de la cosecha es agradable porque se rige por la estacionalidad. El que siembra sabe cuando debe hacerlo y cuando recoger el fruto, se trata de una espera concertada, una espera sosegada dentro de un ritmo natural de la vida. En cambio aquella espera que no se rige bajo ningún solsticio ni patrón, es una espera desesperada ya que no hay señales, ni lunas crecientes ni menguantes, ni pascuas, ni festividades que marquen el inicio o el final.
Es muy difícil no esperar, todos tenemos esperanzas, anhelos, sueños que deseamos que se cumplan, la única condición para que ocurran es que dependan de nosotros o por lo menos de circunstancias más o menos controlables o predecibles. La incerteza de la espera, la duda por el devenir puede ser una condena si no alcanzamos a trabajarla de una forma sosegada, evitando somatizar sus efectos.
Todo pasará, lo bueno y lo malo y todo llegará, lo bueno y lo malo, así es la vida, el devenir de los acontecimientos y mientras tanto, alguno habrá desesperado de esperar.

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2 pensamientos en “Esperar y desesperar

  1. Me he sentido muchas veces desesperada de esperar. No es fácil saber calibrar y poner freno a tu mente. Me has hecho reflexionar en positivo. Me han gustado tus palabras. Gracias.

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