ALMAR

ALMAR

Cierras los ojos y sigues viendo luz. Su perfume aún está presente y su mirada perdida en tu mirada. Cada gesto recordado como un ritual, cada vela encendida meciendo la llama al compás del corazón. El pecho sofoca una pasión desbocada y sin embargo, por fuera, nadie lo nota. Nadie ve que un volcán te come por dentro que tus venas se derriten cada minuto y que tu cabeza va de sus ojos a su nariz, de sus dedos a su pelo, una y otra vez, uno y otro día.
La gente te saluda en el trabajo, te miran y te ven bien, pero no vives. Tu pasión no te deja vivir, hace tiempo que tu risa dejó de sonar a risa.
Esos son los síntomas de Almar, amar con toda tu alma. Amar sin saber que amabas tanto. El vacío se hace presente y ocupa todo el espacio, más aún del que tu ocupabas.
Almar es desesperar porque se produce en la ausencia, tiene que ver con el frío en el mismo alma.
No hay remedio para quien “alma” porque vive, ríe y sigue adelante desalmado, se le ha caído la ilusión porque no está junto a su amor.
A veces la persona amada ni siquiera sabe del sufrimiento, carece de importancia, solo el almante conoce la dimensión y la hondura de su sentimiento.
Almar es un estado hipnótico, se reconoce la pérdida, se acepta racionalmente pero el corazón decide estar en duelo.
Sólo la ilusión del recuerdo alivia al “almado” en espera de la llegada de un nuevo amor o mejor aún de su propio “almor”.
La espera templa el espíritu y crece interiormente una dimensión espiritual desconocida, posiblemente del mismo material que el alma, la esperanza.

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