Cerrar los ojos

Cerrar los ojos

Respirar suavemente y empezar a recorrer la línea que marca tu silueta.
No te veo, tengo los ojos cerrados y puedo imaginar cada curva de tu cuerpo.
No te huelo y percibo cada matiz de tu olor, tu perfume mezclado con finas gotas de sudor, tu esencia.
No te toco y siento la suave caricia de tu delicada piel en las yemas de mis dedos. Recorro tu cuerpo, como un mapa aprendido por el náufrago de la isla que ya quemó su nave para no regresar nunca más y quedarse contigo toda la eternidad.
Tu pelo se enreda entre mis dedos, me hace cosquillas, esconde tu cara y cubre tu nuca, blanca, fina, delicada.
No enciendo la luz porque no hay nada que ver.
La luz eres tú y no estás.
Elevo mis manos hacia el techo, doy vueltas en la cama y mi desesperación por no encontrarte es constante.
Nunca estuviste y siempre te echo de menos.
Imagino tus muslos torneados como un rompeolas que frena el mar bravío de mi pasión. Crestas blancas de negras olas se baten una y otra vez pugnando por entrar, saltando por encima. Siento mil pinchazos diminutos que imagino como las salpicaduras de agua de esas olas.
La noche se confunde con el día y el día con la semana y la semana con el mes y así voy deambulando en el desierto de mi cama sin ti.
No abro los ojos por no ver que no estás.
Y los cierro y no dejo de verte.
No sales de mi cabeza.
Dolorosamente presente.
Ansioso por verte un segundo eterno.
No voy a abrir los ojos hasta verte.
Para cansarme de verte si eso es posible…
Mientras tanto, sigo con los ojos cerrados.

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