El futuro imaginado

El futuro imaginado

Cada vez que utilizamos el condicional “si” es una hipótesis lanzada al viento, una moneda que gira y cae de un lado u otro.
Imaginar el futuro es adecuarlo a nuestro presente y sobretodo a nuestros deseos.
Todo lo que no depende de mi…depende de otro u otros. Nada más simple de comprender y tan difícil de aceptar.
Nuestros cálculos contemplan la voluntad ajena y quizá varias voluntades, lo que hace que un laberinto sea contemplado como una línea recta.
No hablemos ya si también añadimos a la mezcla el factor pasión.
La pasión dobla voluntades, retuerce planes, alarga esperas y destroza paciencias. Porque el futuro imaginado tiene una característica, la inmediatez, es una necesidad que lo que deseamos ¡ocurra ya!
Y cuanto más imaginado, más adaptado a nosotros, más a la medida de nuestra voluntad y quizá más lejos de lo que pasará.
Es aconsejable vivir el momento presente de forma intensa y planear para tener un guión en el que más o menos podemos confiar.
Cuando entra el amor en ese futuro imaginado, la desesperación crece y poco a poco deja paso a la frustración para llegar a la aceptación del presente y olvidar el futuro.
De nada sirve imaginar lo que debe venir, tan sólo para comprobar que si se ajusta a lo que pensamos nos alegremos y si no, disfrutar de nuevo del presente.

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