La ola

ola

De repente va ondulándose el mar, de manera imperceptible e implacable, va creciendo la espuma blanca en la cresta y avanza rápidamente. Llega la ola. Su presencia es hipnótica, se crea en un momento y en ese instante debes decidir si saltarla, sumergirte, dejar que pase por encima tuyo, aprovechar su impulso para volver a la orilla. Debe ser una decisión rápida porque la ola no espera.

Así vienen las cosas en la vida, como olas que aprovechamos o no, nos elevan o nos revuelcan. A  veces ni las vemos y nos alcanzan por la espalda.

Hay olas en mares calmados, olas de tempestades, olas que producen masajes y siempre estamos esperando una nueva ola que nos lleve a algún sitio. Esa espera se hace eterna, no sopla el viento y apenas se mueve nuestro mar. Desesperadamente calmado. No pasa nada, no se mueve nada y cuando menos lo esperas llega, las del mediterráneo vienen de izquierda a derecha, pero supongo que dependerá de los vientos que soplen en cada zona.

Saltar, tomar impulso para planear encima de ella es un placer, te lleva hasta la orilla y allí se esfuma, como si la fuerza que traía la hubiese depositado en la arena y vuelve mansamente hacia atrás dejando la espuma blanca en la arena.

Cada ola trae un mensaje, cada ola es una decisión, subirse, evitarla o revolcarse.

Cada ola es una esperanza en un mar de dudas, donde a veces, no pasa nada hasta que sopla un poco de viento.

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3 pensamientos en “La ola

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