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La ola

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De repente va ondulándose el mar, de manera imperceptible e implacable, va creciendo la espuma blanca en la cresta y avanza rápidamente. Llega la ola. Su presencia es hipnótica, se crea en un momento y en ese instante debes decidir si saltarla, sumergirte, dejar que pase por encima tuyo, aprovechar su impulso para volver a la orilla. Debe ser una decisión rápida porque la ola no espera.

Así vienen las cosas en la vida, como olas que aprovechamos o no, nos elevan o nos revuelcan. A  veces ni las vemos y nos alcanzan por la espalda.

Hay olas en mares calmados, olas de tempestades, olas que producen masajes y siempre estamos esperando una nueva ola que nos lleve a algún sitio. Esa espera se hace eterna, no sopla el viento y apenas se mueve nuestro mar. Desesperadamente calmado. No pasa nada, no se mueve nada y cuando menos lo esperas llega, las del mediterráneo vienen de izquierda a derecha, pero supongo que dependerá de los vientos que soplen en cada zona.

Saltar, tomar impulso para planear encima de ella es un placer, te lleva hasta la orilla y allí se esfuma, como si la fuerza que traía la hubiese depositado en la arena y vuelve mansamente hacia atrás dejando la espuma blanca en la arena.

Cada ola trae un mensaje, cada ola es una decisión, subirse, evitarla o revolcarse.

Cada ola es una esperanza en un mar de dudas, donde a veces, no pasa nada hasta que sopla un poco de viento.

Dos gardenias para ti…

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Solo decir esa frase y suena una música acompañada de una voz cantando un bolero. Para los de una época, ese cantante era Antonio Machín, para otros serán las mil versiones que se han hecho a lo largo de la historia, pero lo verdaderamente importante es lo que evoca, una pasión.

Hoy le quiero dedicar este bolero a Gracia Cabello, mi prima. Precisamente hoy que nos ha dejado y que sé que bailaba esta canción con su pareja, con pasión y amor, de la misma manera que ha bailado estos dos últimos años un baile malévolo con su enfermedad, sin perderle la cara, sin fallar un paso, levitando sobre el suelo, con esa elegancia que solo las personas de un corazón tan noble como el suyo pueden tener.

Gracia no perdió su sonrisa ni en el peor de los momentos. La iba a ver y se interesaba por mi, me preguntaba qué hacía, cómo me encontraba, si era feliz. Ella, precisamente ella que estaba en el hospital con una sonda y apenas sin pelo. Eso era lo más duro, porque Gracia era peluquera. Le encantaba su profesión, hablar con las clientas, relacionarse, ayudar.

Han sido tiempos difíciles y a la vez de aprendizaje, yo he aprendido a sobrellevar un destino cruel y anunciado con entereza. entrando y saliendo del hospital sin perder la compostura, animando a los demás, aún en los momentos más duros.

Suena conocido y sin embargo es así. La música de la vida continúa sonando aunque tú ya no estés para bailarla, ni tan siquiera para susurrar “dos gardenias para ti, con eso quiero decir…”

Allí donde vayamos, allí donde estés, sé que vivirás en luz, la misma luz que has dejado aquí con tu paso.

Gracia.