Eleguante

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Eleguante

Como calcetín no puedo presumir porque siempre voy tapado, lo mío es el confort, la suavidad, evitar no romperme por el trato y no perder a mi pareja, causa hace tiempo ya perdida. Por eso cuando veo un guante, con su visibilidad, la manera como gesticula en el aire, la forma graciosa de saludar a la amada o decir adiós en la despedida siento una profunda admiración. Un guante servía para lanzar un duelo de honor, evitar tocar a quien no quisieras, marcar moda, proteger del frío de una forma evidente… en fin, para mi es un eleguante, resume los atributos por lo que cualquier cal ce tin en la oscuridad del zapato suspiraría.
Ahora bien, el guante es temporal, con el calor se ve relegado al cajón, nadie se acuerda de él. Es fácilmente perdible, pero por lo menos se pierde en pareja, eso es una ventaja. La elegancia del guante es meramente exterior. En el fondo creo que la elegancia es algo íntimo, no sólo de gestos, va más allá de la pose, trasciende la mera actuación. Para mi la elegancia se basa en la bondad, la forma de tratar a la gente, de obviar un mal rato, sonreír aunque estés con el corazón roto, porque ser elegante significa que en tu interior hay paz. No existen buenos tratos si no nos tratamos bien a nosotros mismos.
Como cal ce tín que ha vivido escondido tras un zapato siempre he tenido la opción de estar más cerca de la piel del pie que de la piel del zapato.
Prefiero el tacto de la piel humana, no por elegancia, sino por cariño.
Elegancia para ir por la vida disfrutando del momento.

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