Vivir con los ojos abiertos

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Vivir con los ojos abiertos

Cuando ocurre algo imprevisto, un accidente, chocamos con algo, instintivamente cerramos los ojos. Aparentemente es para protegerlos contra el impacto ya que al ser un órgano casi vital, merece todas las precauciones. También puede ser porque ver algo inevitable nos asusta y aquello que no se ve parece que no se siente. Gesto de protección anímica, lo que no puedo ver tampoco me puede afectar.
En la vida nos ocurren frecuentemente hechos inesperados, pequeños o grandes accidentes y lo primero que hacemos es cerrar los ojos para no verlos. Con el tiempo nos damos cuenta que hay otros “ojos” que no hay forma de cerrar y lo ven todo, son los ojos del corazón que detectan la pena, frustración, desengaño, desamor. Esos ojos a veces ni parpadean, mantienen la mirada retándonos a tomar una decisión.
Vivir la vida con los ojos abiertos es una decisión valiente, quizá imprudente, no lo sé, es una característica que pertenece a las personas de coraje que afrontan los retos y los sinsabores de cara, mirándolos de frente y convencidos de que van a pasar por ello, con pena, pero sin cerrar los ojos.
Pestañear es darse un respiro, pestañear rápido es no creérselo del todo.
Vivir con los ojos abiertos es vivir en la aceptación de que la vida es lo que nos ocurre y no un guión en el que debo actuar, porque una cosa debe quedar clara, cada uno escribe el guion de su propia vida, día a día, segundo a segundo.
No cierres los ojos o te perderás tu propia película.

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AbraZoo

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AbraZoo

Los hay de oso, de perezoso, de tigre, escuetos como una anguila, eternos como los de un perro fiel. Deliciosos como los de un gatito, sinceros como los de un delfín, peligrosos como los de la boa, abrazos animales, abrazos brutales, abrazos.
Si pasamos más de 20 segundos abrazados se activa la oxitocina en el cerebro, nos calma, necesitamos la presencia de la otra persona junto a nosotros, corazón frente a corazón, notando su respiración, sus latidos y los míos.
Abrazos de despedida, abrazos de reencuentro. Abrazos de padres, madres, abuelos, abrazos de felicitación, abrazos de consuelo.
El abrazo es la expresión máxima de aceptación, te acojo entre mi, te ofrezco mi pecho, me muestro ante ti sin reservas, sin miedo, para darte cariño y apretarte fuerte, para que sientas mi calor.
Bailando juntos, el abrazo se mueve al ritmo de la música y se convierte en caricia, en giros de ternura.
Abrazar es aceptar, dar.
Cada uno tiene su manera de abrazar y todos deseamos ser abrazados, por eso hay una colección de abrazos diversos, abrazoo.

¿Apagamos el teléfono y nos vemos?

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¿Apagamos el teléfono y nos vemos?

100 caritas sonrientes no son una mirada, ni 1000 veces te quiero escrito en la pantalla del teléfono valen más que una caricia. Nos están robando el tacto precisamente los teléfonos táctiles. Acariciamos más la superficie del teléfono que a las personas, nos hacemos fotos selfies y las enviamos o compartimos en Instagram, Facebook, rápidamente todo el mundo sabe que estamos allí… quizá solos.
Te propongo quedar en un parque o una cafetería, apagar el teléfono y escucharte, prestarte toda mi atención sin oir los zumbidos de los mensajes, ni la lucecita de llegada de un tuit, ni el silbido de una llamada, sólo la música de fondo o ni siquiera eso, tu propio sonido al respirar. Tener todo el tiempo para contemplarte, oír los matices de tu voz, tu risa, ver como pestañeas y me cuentas tus cosas y yo te explico las mías, sin tener que mirar la cobertura o si me has contestado pronto o tarde. Adjuntarte un archivo de flores reales, con olor a rosas, darte un beso real y acariciarte la mano.
Te propongo que vivamos un ratito en el mundo real, vamos a tardar lo mismo que tardamos cuando pasamos horas conectados a través del teléfono, ahora conectados con la mirada, con el tacto, con el corazón.
Yo voy a apagar el teléfono, quizá en un rato te veo.