El futuro imaginado

Imagen

El futuro imaginado

Cada vez que utilizamos el condicional “si” es una hipótesis lanzada al viento, una moneda que gira y cae de un lado u otro.
Imaginar el futuro es adecuarlo a nuestro presente y sobretodo a nuestros deseos.
Todo lo que no depende de mi…depende de otro u otros. Nada más simple de comprender y tan difícil de aceptar.
Nuestros cálculos contemplan la voluntad ajena y quizá varias voluntades, lo que hace que un laberinto sea contemplado como una línea recta.
No hablemos ya si también añadimos a la mezcla el factor pasión.
La pasión dobla voluntades, retuerce planes, alarga esperas y destroza paciencias. Porque el futuro imaginado tiene una característica, la inmediatez, es una necesidad que lo que deseamos ¡ocurra ya!
Y cuanto más imaginado, más adaptado a nosotros, más a la medida de nuestra voluntad y quizá más lejos de lo que pasará.
Es aconsejable vivir el momento presente de forma intensa y planear para tener un guión en el que más o menos podemos confiar.
Cuando entra el amor en ese futuro imaginado, la desesperación crece y poco a poco deja paso a la frustración para llegar a la aceptación del presente y olvidar el futuro.
De nada sirve imaginar lo que debe venir, tan sólo para comprobar que si se ajusta a lo que pensamos nos alegremos y si no, disfrutar de nuevo del presente.

Anuncios

Copa y vino

Imagen

Copa y vino

Para poder saborear, deleitarse, disfrutar del mejor vino, es necesario un buen recipiente, una buena copa.
La esencia del vino, el secreto que ha guardado tanto tiempo en la barrica y que antes recibió del sol, la luz y la tierra. El sabor de minerales, aromas diversos, matices infinitos se perderían si lo servimos en el recipiente inadecuado.
El fino cristal de la copa, su forma, atrapa el olor y el sabor, el saber.
Cuando vertimos un buen vino en una buena copa y nos la acercamos a la nariz ya comenzamos a percibir estímulos, al inclinarla hacia la boca notamos la textura del líquido, la respiramos y nos invade un sinfín de impulsos que nos traen a la memoria lugares, rostros, momentos.
El vino es el espíritu, el conocimiento adquirido a lo largo de días de sol, noches de estrellas y el arraigo a la tierra, a la tradición, la historia. Cada vino aporta el conocimiento del lugar y cada vino es distinto porque recoge la esencia y la historia del sitio.
La copa, el recipiente, somos nosotros, cada uno se va formando en su propio crisol el cristal más delicado y resistente, capaz de albergar el vino más selecto y mejorarlo.
El uno necesita del otro.
Conocimiento y cuerpo, espíritu y carne, luz y amor.
A veces no distinguimos un buen vino, de una cosecha fantástica y quizá sea porque nuestro recipiente, nuestra copa, no está preparada para él y nos parece que no es tan bueno.
Ebrios de conocimiento, tallemos nuestras copas para degustar el vino más placentero.

“Bebedor, jarro inmenso, ignoro quien te formó
Sólo sé que eres capaz de contener tres medidas de vino y que la muerte te quebrará un día.
Entonces dejaré de preguntarme por qué has sido creado.,
por qué has sido dichoso y por qué no eres más que polvo”.

LAS RUBAIYAT (extracto)
OMAR KHAYYAM