Lost

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Lost

Nuestra brújula interior nos va guiando a lo largo de nuestra vida. Dependiendo de las situaciones, vamos variando el rumbo, acelerando, desviándonos o manteniéndonos firmes en nuestra línea. A veces se dan circunstancias que no dependen de nosotros pero nos afectan directamente, tanto que hacen que nuestra brújula pierda el norte y de vueltas sin parar. En ese caso tenemos la sensación de pérdida, de que ya nada encaja y nos encontramos en una dirección equivocada. Lo primero que nos viene a la mente es cambiar de dirección, no es siempre una buena idea porque nos puede alejar más aún de nuestro camino. Tenemos que considerar otros puntos de referencia, parar y observar. Intentar descifrar por dónde va nuestra senda, comprender lo que nos pasa cuando saltan todas las alarmas y respirar. Tomar una distancia de las cosas, permitirse ese estado de no-control y recuperar la calma.
Cuando se nos estropea la brújula es cuando conviene esperar a la noche, mirar al cielo y seguir a las estrellas.
Porque la mejor brújula es el corazón y confiar en el instinto para llegar al destino.

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