Anhelo

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Anhelo

Van pasando los días y va creciendo mi deseo.
Inalcanzable, invisible, imposible.
Ni te veo ni te tengo y sin embargo te deseo más que a nadie y más que a nada.
Caprichoso destino el que tengo de amar lo imposible.
A veces el amor resulta inalcanzable de la misma manera que el deseo lo es.
Cuanto más te deseo, menos te tengo.
Imagino mundos en donde tu estás. Viajes con tu presencia, fotos que aún no nos hemos hecho, noches que aún no hemos vivido. Porque mi vida se resume en todas las noches que no te he disfrutado.
A veces vivo en la ilusión que no existes, fruto de mi imaginación yo te he creado a mi gusto. Mi deseo se transforma en alguien con tu cara, que se mueve como tú, que habla como tú, ríe como tú.
Tú.
¿Existes?
Da muestras de que eres real.
Sólo vives en mi a la vez que yo muero en tu ausencia.
Ese anhelo es ya mi norte, en una vida donde la brújula enloqueció de tanto buscarte.
Te encontré.
Y no estás.
Soy esclavo del deseo de tenerte, aunque sólo fuese una noche de amor intenso.
Intento no buscarte pero mi corazón se desboca solo oyendo tu nombre.
Anhelo no encontrarte.
Si no es para quedarme contigo.

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Cerrar los ojos

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Cerrar los ojos

Respirar suavemente y empezar a recorrer la línea que marca tu silueta.
No te veo, tengo los ojos cerrados y puedo imaginar cada curva de tu cuerpo.
No te huelo y percibo cada matiz de tu olor, tu perfume mezclado con finas gotas de sudor, tu esencia.
No te toco y siento la suave caricia de tu delicada piel en las yemas de mis dedos. Recorro tu cuerpo, como un mapa aprendido por el náufrago de la isla que ya quemó su nave para no regresar nunca más y quedarse contigo toda la eternidad.
Tu pelo se enreda entre mis dedos, me hace cosquillas, esconde tu cara y cubre tu nuca, blanca, fina, delicada.
No enciendo la luz porque no hay nada que ver.
La luz eres tú y no estás.
Elevo mis manos hacia el techo, doy vueltas en la cama y mi desesperación por no encontrarte es constante.
Nunca estuviste y siempre te echo de menos.
Imagino tus muslos torneados como un rompeolas que frena el mar bravío de mi pasión. Crestas blancas de negras olas se baten una y otra vez pugnando por entrar, saltando por encima. Siento mil pinchazos diminutos que imagino como las salpicaduras de agua de esas olas.
La noche se confunde con el día y el día con la semana y la semana con el mes y así voy deambulando en el desierto de mi cama sin ti.
No abro los ojos por no ver que no estás.
Y los cierro y no dejo de verte.
No sales de mi cabeza.
Dolorosamente presente.
Ansioso por verte un segundo eterno.
No voy a abrir los ojos hasta verte.
Para cansarme de verte si eso es posible…
Mientras tanto, sigo con los ojos cerrados.

Tu sonrisa

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Tu sonrisa

Es tu mejor regalo. La vas repartiendo por ahí, generosamente.
Tu boca se entreabre tímidamente mostrando los dientes. Asoma la punta roja de la lengua. Es un gesto pícaro, inconsciente. Luego se esconde tras los dientes, agazapándose para intentar ver también, desde el interior, esa sonrisa franca, noble, amorosa.
Los ojos se te cierran levemente al sonreír, dándole un aire a tu aspecto de niña revoltosa que acaba de hacer una broma. Ladeas la cabeza levemente y miras a los ojos del que tienes enfrente. Ya está muerto, rendido a ti.
Tu sonrisa revela un alma noble y entregada. Es limpia y joven, sin malicia.
Sonríes cuando estás contenta, cuando te disculpas, cuando te equivocas, cuando preguntas, sonríes cuando miras.
Si me sonríes te tengo que besar… si estuviese cerca… si fuésemos novios… si hablásemos…
Da igual, sigue sonriendo.
Imaginaré que es para mi.